Jun 25, 2021

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Mucha agua

Mucha agua

Érase una vez un árbol llamado llorón, sin duda porque sus ramas largas y frondosas cuelgan hasta el suelo alrededor de su tronco y, a lo largo de las mismas, brillan algunas gotas de agua que nos recuerdan las lágrimas.

Por otro lado, una de sus características es permanecer verde todo el año. Este hecho no pasó desapercibido a los chinos, que hicieron de él un árbol de inmortalidad, de sensatez, de inspiración espiritual, de comunicación con el cielo; ni a los tibetanos, que hicieron de él el Árbol de la Vida. Por eso, según algunas leyendas chinas, Lao-Tsé, el presumible autor de Tao Te Ching, libro a partir del cual nació la religión taoísta en la China del siglo VI antes de nuestra era, era agradable meditar bajo la sombra de un sauce. Se dice que bajo un sauce fue donde Confucio y Lao-Tsé tuvieron su célebre conversación, después de la cual el primero confió a sus discípulos: »Sé que los pájaros vuelan, que los peces nadan y que los cuadrúpedos corren. Los animales que corren se pueden cazar con una red, los que nadan con un anzuelo, a los que vuelan se les puede alcanzar con flechas. En cuanto al dragón, no puedo describir cómo se eleva hacia los cielos sobre los vientos y las nubes. Hoy, he visto a Lao-Tsé: sólo se puede comparar con el dragón».

Texto: Vangellness
Foto: Betty Pink

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May 27, 2021

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El zapatero feliz

El zapatero feliz

Todavía perdura el recuerdo, en una ciudad de Europa, de un alegre zapatero. Era, probablemente, una de las personas más felices de la tierra a pesar de su gran humildad.

Un día el zapatero fue visitado por uno de sus vecinos, un banquero muy rico, que al observar la gran alegría del zapatero entre tanta miseria, no pudo dejar de preguntar: Señor zapatero, si no es molestia, ¿podría decirme cuánto gana usted con su humilde trabajo?

Es tan poco dinero, señor, que hasta vergüenza me da decirlo, no se lo tome a mal. Pero dicho dinero me da cada día el pan de mis hijos, y a mí me basta con terminar decentemente el año, aunque tengamos que privarnos, lamentablemente, de muchas cosas. – Respondió el zapatero orgulloso.

Aquella excelente y positiva actitud dejó muy sorprendido al banquero que, poco después, dijo muy conmovido:
– Señor zapatero, tome usted estas monedas de oro que le ofrezco desinteresadamente, y guárdelas con esmero para cuando las necesite de verdad.

A partir de entonces la actitud del zapatero cambió, con motivo de sentirse poseedor de una de las mayores riquezas del mundo. Aquella riqueza exigía mucho del zapatero, ya que al haber escondido bajo el suelo de su casa las monedas de oro, era incapaz de descansar y vivir con normalidad. El zapatero había enterrado sin saberlo al mismo tiempo el dinero y su alegría y buen humor, siendo desde entonces huéspedes de su casa, el miedo, la desconfianza, el insomnio y la inquietud.

El menor ruido durante la noche, le hacía llenarse de temor ante un posible robo y sus consecuencias. Hasta que un día, cansado el zapatero de su nueva vida, fue a visitar a su vecino banquero: Oiga, amable señor; quiero devolverle todo su dinero, pues mi mayor deseo es vivir como lo hacía antes.

Y, de esta sencilla forma, el zapatero recuperó su alegría.

Texto: Vangellness con leyenda popular
Foto: Betty Pink

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Feb 6, 2021

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Raíces de bambú

Raíces de bambú

Hace mucho tiempo, dos agricultores iban caminando por un mercado cuando se pararon ante el puesto de un vendedor de semillas, sorprendidos por unas semillas que nunca habían visto.

“Mercader, ¿qué semillas son estas?”, le preguntó uno de ellos.

“Son semillas de bambú. Vienen de Oriente y son unas semillas muy especiales”.

“¿Y por qué habrían sido de ser tan especiales?”, le espetó uno de los agricultores al mercader.

“Si os las lleváis y las plantáis, sabréis por qué. Sólo necesitan agua y abono”.

Así, los agricultores, movidos por la curiosidad, compraron varias semillas de esa extraña planta llamada bambú.

Tras la vuelta a sus tierras, los agricultores plantaron esas semillas y empezaron a regarlas y a abonarlas, tal y como les había dicho el mercader.

Pasado un tiempo, las plantas no germinaban mientras que el resto de los cultivos seguían creciendo y dando frutos.

Uno de los agricultores le dijo al otro: “Aquél viejo mercader nos engañó con las semillas. De estas semillas jamás saldrá nada”. Y decidió dejar de regar y abonarlas.

El otro decidió seguir cultivando las semillas con lo que no pasaba un día sin regarlas ni abonarlas cuando era necesario.

Seguía pasando el tiempo y las semillas no germinaban.

Hasta que un buen día, cuando el agricultor estaba a punto de dejar de cultivarlas, se sorprendió al encontrarse con que el bambú había crecido. Y no sólo eso, sino que las plantas alcanzaron una altura de 30 metros en tan solo 6 semanas.

¿Como era posible que el bambú hubiese tardado 7 años en germinar y en sólo seis semanas hubiese alcanzado tal tamaño?

Muy sencillo: durante esos 7 años de aparante inactividad, el bambú estaba generando un complejo sistemas de raices que le permitirían sostener el crecimiento que iba a tener después la planta.

 

Moraleja: Si no consigues lo que anhelas, no desesperes….Quizás sólo estés echando raíces.

 

Texto: Vangellness con el cuento «El bambú japonés»

Foto: Betty Pink

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Nov 20, 2020

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A por bananas

A por bananas

Un grupo de científicos colocó cinco monos en una jaula en cuyo centro colocaron una escalera y, sobre ella, un montón de bananas.
Cuando un mono subía la escalera para agarrar las bananas, los científicos lanzaban un chorro de agua fría sobre los que quedaban en el suelo.
Después de algún tiempo, cuando un mono iba a subir la escalera, los otros le golpeaban, hasta que llegó un momento en que ningún mono subía la escalera a pesar de la tentación de las bananas.
Entonces, los científicos sustituyeron uno de los monos, y lo primero que hizo el nuevo individuo fué subir la escalera, siendo rápidamente bajado por los otros, quienes le propinaron una gran paliza.
Después de algunas palizas, el nuevo integrante del grupo ya no subió más la escalera, aunque nunca supo el por qué de tales palizas.
Un segundo mono fué sustituido, y ocurrió lo mismo. El primer sustituto participó con entusiasmo de la paliza al novato.
Un tercero fué cambiado, y se repitió el hecho, lo volvieron a golpear.
El cuarto y finalmente el quinto de los veteranos fueron sustituidos.
Los científicos quedaron entonces con un grupo de cinco monos que, aún cuando nunca recibieron un baño de agua fría, continuaban golpeando a aquel que intentase llegar a las bananas.
Si fuese posible preguntar a algunos de ellos por qué le pegaban a quien intentaba subir la escalera, con certeza la respuesta sería:
«No sé, aquí las cosas siempre se han hecho así». ¡¿Te suena?!

 

Moraleja: cuantas veces hacemos las cosas porque siempre se han hecho así, en vez de plantearnos el porque hacemos las cosas como las hacemos, y si podría haber otra manera mejor de hacer.

 

Texto: Vangellness con la metáfora de los monos

Foto: Betty Pink

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Oct 30, 2020

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Catrin@

Catrin@

El miedo a la oscuridad es muy común entre los niños, de hecho, es parte esencial del desarrollo de todo ser humano; sin embargo, cuando una persona llega a la edad adulta con este temor, pero además comienza a ser incontrolable e interviene en su día a día impidiendo su avance, entonces seguramente estamos hablando de un problema psicológico conocido como escotofobia.
Enfrentarnos a lo desconocido nos hace temer a la oscuridad y, dado que para el ser humano es muy fácil atribuir a seres fantásticos o dioses todo lo que no tiene o no encuentra una explicación racional, no sorprende que frente a sombras y sonidos extraños propios de la noche, vuelve la imaginación y se interpreten como fantasmas o seres malignos que vienen a hacer daño. Lo que hace tan interesante a la escotofobia o miedo a la oscuridad es que el temor no es específicamente a la oscuridad, sino a todo aquello que puede habitar en ella y que, aunque presente, es desconocido.
Aunque muchos pedagogos y psicólogos se han encargado de estudiar esta etapa esencial en el desarrollo del ser humano, no debemos olvidar que la oscuridad está llena de simbolismo y, por ende, malvados como demonios, vampiros, hombres lobos, brujas, zombies, fantasmas, duendes, gnomos y muchos otros, que son afectos a salir y atacar precisamente durante la noche, o al menos eso nos dicen cientos de leyendas alrededor del mundo. Quizá por esta razón el ser humano desde niño ha sentido este temor, primitivo e inconsciente en un inicio, a la oscuridad, tal vez sea una forma en la que el inconsciente previene al ser humano de permanecer solo y a oscuras para evitar que se cruce con todos estos seres y se convierta en una víctima fatal.
El miedo o fobia a la oscuridad también es conocido con los nombres de aclufobia, ligofobia, mictofobia o nictofobia.
¿Alguna vez has tenido un miedo irracional, enfermizo e incontrolable a la oscuridad?

Texto: Vangellness
Foto: Betty Pink

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Sep 17, 2020

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Oportuno

Oportuno

Dormía tranquilamente un león, cuando un ratón empezó a juguetear encima de su cuerpo. Despertó el león y rápidamente atrapó al ratón; y a punto de ser devorado, le pidió éste que le perdonara, prometiéndole pagarle cumplidamente llegado el momento oportuno. El león echó a reir y lo dejó marchar.

Pocos días después unos cazadores apresaron al rey de la selva y le ataron con una cuerda a un frondoso árbol. Pasó por ahí el ratoncillo, quien al oir los lamentos del león, corrió al lugar y royó la cuerda, dejándolo libre.

— Días atrás — le dijo –, te burlaste de mí pensando que nada podría hacer por tí en agradecimiento. Ahora es bueno que sepas que los pequeños ratones somos agradecidos y cumplidos.

Moraleja: Nunca desprecies las promesas de los pequeños honestos. Cuando llegue el momento las cumplirán.

 

Texto: Vangellness con la fábula «El León y el ratón»

Foto: Betty Pink

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