Mar 21, 2020

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Fobia Específica

Fobia Específica

El miedo es una emoción que podemos reconocer a través de una serie de cambios fisiológicos y psicológicos. Estos cambios están relacionados con el sistema nervioso autónomo y el endocrino.

El miedo es considerado como un sentimiento producido por un peligro presente e inminente, real o no. Se trata de una señal emocional de advertencia de que se aproxima un daño físico o psicológico. El miedo también implica una inseguridad respecto de la propia capacidad para soportar o manejar una situación de amenaza, en la que no conlleva necesariamente un peligro físico.

Cuando el miedo a ciertos objetos, acontecimientos o determinadas situaciones es demasiado intenso e irracional, podemos hablar de una fobia.

Cuando la fobia se desarrolla en relación a un objeto o situación determinada se llama fobia específica. Estas se pueden clasificar en cuatro grandes grupos según el objeto fóbico que lo origina:

  • A los animales.
  • Al medio ambiente, alturas, agua, tormentas…
  • A la sangre, inyecciones, heridas, hospitales…

Determinadas espacios o situaciones, como por ejemplo lugares cerrados, conducir vehículos, viajar en avión, atravesar túneles, ascensores, escaleras mecánicas…

A pesar de que el miedo es reconocido por el propio sujeto como irracional, su control escapa a la voluntad. La exposición al objeto provoca, casi invariablemente, ansiedad. Con el fin de evitar la ansiedad, aparece una conducta caracterizada por la evitación del estímulo o situación temida.

Cuando se produce la percepción del peligro se desencadenan una serie de efectos sobre la persona que padece la fobia; los más importantes se muestran en la siguiente tabla:

 

Efectos subjetivos

 

Efectos fisiológicos

 

Afrontamiento

Tensión

Desasosiego

Malestar

 

Incremento de la frecuencia cardíaca

Incremento presión arterial

Incremento salida cardíaca

Incremento fuerza de contracción

Incremento conductividad piel

Incremento frecuencia respiratoria

Incremento tensión muscular

Reducción volumen sanguíneo

Reducción temperatura periférica

Reducción amplitud respiratoria

 

Escape

Evitación

Focalización atención

 

 

Las causas originarias del miedo al agua pueden ser por educación hidrofóbica, donde el adulto proyecta su propio miedo sobre el niño que lo integra en su sistema de funcionamiento; o bien, el sujeto ha memorizado una o varias situaciones acuáticas provocadas por un choque emocional estresante, como puede ser el inicio de un ahogamiento o una inmersión provocada. En este caso el miedo resulta de un traumatismo vivido a través de prácticas pedagógicas inapropiadas.

Esto puede derivar en que el contacto de un sujeto con el agua, o el simple pensamiento de este contacto provoque una reminiscencia emocional que perturba su homeostasis (mecanismo de autorregulación interna del organismo). La alteración del sujeto respecto a su entorno altera o aniquila los procesos por los cuales adquiere informaciones sobre este entorno y las elabora con el objetivo de ajustar su comportamiento.

Para ayudar a superar este tipo de temores la primera norma es no forzar a que se afronte directamente puesto que se podría provocar más miedo. Tenemos que ser un modelo a imitar, donde jugamos y disfrutamos; y tranquilamente, con paciencia, transmitir seguridad.

Para su tratamiento existen tres tipos de terapias psicológicas para afrontar el miedo al agua:

  • Terapia de exposición: Se expone físicamente al paciente al objeto fóbico de forma controlada, gradual y progresiva; enseñando al paciente a perder el miedo. El paciente tendrá total control sobre dicha exposición.
    Generalmente se acompaña de técnicas de control de la angustia y/o ansiedad.
  • Desensibilización sistemática: Se trata de una técnica parecida a la anterior, con la diferencia que no se utiliza la exposición directa o física a la fobia, sino que se hace de forma imaginaria.
  • Terapia cognitiva: La terapia cognitiva es un proceso en el cual se trata de resolver el problema fóbico basándose en experiencias de aprendizaje o reeducación del pensamiento para que el paciente actúe de una forma más realista eliminando las falsas creencias. El paciente, con la ayuda y colaboración del terapeuta, aprende a descubrir y modificar los pensamientos e ideas que lo hacen sufrir.

Los tratamientos suelen desarrollarse individualmente, aunque en algunos en ocasiones, en función del caso y del momento, está indicado el tratamiento grupal, o la participación de algún acompañante. Los tratamientos suelen durar entre tres y seis meses. No existe hasta ahora un tratamiento comprobado a base de medicamentos, para fobias específicas, pero en ocasiones ciertas medicinas pueden recetarse para ayudar a reducir los síntomas de ansiedad antes de que la persona se enfrente a una situación de fobia.

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Cuando una persona está preocupada por su salud o normalidad suele identificarse con síntomas o enfermedades que no tiene, o confundirlos con otras posibles.

Texto: Vangellness

Foto: Betty Pink

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